6 años después.
Me revolví entre las sábanas, sin abrir los ojos y tanteé el lado de la cama en busca de su cuerpo. Pero, como todos los días, él no estaba allí. Miré el reloj; 4:00 de la mañana.
Intenté dormirme, pero no pude. Me levanté y bajé las escaleras. Encendí la luz de la cocina y me serví un vaso de agua. Escuché un ruido detrás de mí y me giré. No había nadie. Terminé el vaso de agua y lo dejé en la encimera.
Escuché otro sonido, esta vez de pasos.
-¿Hola? –Pregunté a la oscuridad del pasillo.
“Idiota, si es un ladrón sabe que estás aquí, y si es un pervertido, le acabas de revelar tu posición”
-Cierra el pico, incordio –dije, muy bajito.
Cogí un cuchillo grande y salí de la cocina. Algo se movió un poco más adelante.
-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH –pegué un grito de esos que, en las películas, sale primero la casa, después la cuidad, después el país y luego la bola del mundo.
La luz se encendió de repente.
-¿Qué coño haces con un cuchillo en la mano?
Joder. Se me había olvidado por completo que esa noche no dormía sola.
-Dios, que susto, joder. ¿Te das cuenta de que casi me da un ataque, Selene?
-Lo siento. ¿Pensabas que era Dougie?
-Si hubieras sido Dougie me habrían encarcelado por asesinato con arma blanca –dije, de mal humor repentinamente.
Selene se rió.
-No es para tanto. A mi me pareció romántico. Lo hizo por vuestro bien.
-Selene, no me toques las narices –dije.
No quería hablar de ese tema…
-Fue muy bonito –dijo Selene.
-El concepto de “bonito” lo tienes trastornado, ¿verdad? –Pregunté, volviendo a la cocina para dejar el cuchillo.
Me senté en una de las sillas que Dougie y yo habíamos elegido cuando compramos la casa. Selene se sentó frente a mí.
-Venga ya.
La miré.
Desde que Dougie se había ido, sin avisar, de gira (eso es lo que le parece bonito aquí a la amiga), dormía sola, comía sola, vivía sola…
Cuando le llamé para preguntarle por que se había ido sin despedirse, me contestó que no hubiera soportado decirme adiós.
“Lo típico, vamos. Ese no quería despedirse y ya está”
-Vuelve en dos días –dijo Sele.
-Si, pero lleva fuera 3 meses –dije, cabreada aún.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Le vas a dejar?
“No”
No, pensé.
-No –dije.
Llamaron al timbre.
“¿Quién coño llama al timbre a las 5 menos cuarto de la mañana?”
Sele y yo nos miramos y salimos, cogidas de la mano, de la cocina.
Miré por la mirilla y abrí.
-Hola, agentes. ¿Puedo ayudarles?
“¿O mejor les cierro la puerta en las narices?”
-Buenas noches, señoritas. Nos ha llamado la vecina de enfrente, alertando de un grito muy fuerte proveniente de esta casa –dijo uno de los policías.
“Estúpida vieja. ¿No puede quedarse calladita con sus putos gatos y ponerse a ver la novela?”
-Oh, ya. Es que, me he llevado un pequeño susto –dije, pellizcando a Selene en la espalda.
Ella se apartó y lo disimuló, tocándose el pelo. El policía nos miró fijamente, mientras su acompañante, un chico joven, de unos 25 años, nos miraba divertido.
-Que no se vuelva a repetir, ¿de acuerdo? –Dijo el de mayor edad, amablemente.
-Claro, agentes.
-Que descansen –dijo el joven.
Se lo agradecimos y cerramos la puerta. Nos fuimos a dormir otra vez y me quedé pensando.
¿Qué iba a hacer cuando volviera Dougie? ¿Dejarle? ¿Besarle?
“¿Quién te manda meterte en estos berenjenales? Solo a la inteligentísima Ashley Sophie Stevenson se le ocurre salir con un bajista al que le gustan más las tetas de sus fans que las de su novia”
-Que te follen –dije.
“Que es exactamente lo que no te van a hacer a ti”
Me tapé la cabeza con la almohada y cerré los ojos.
“¿Ese es tu método para callarme? Te recuerdo que estoy en tu cabeza, chata.”
-No te escucho, lalalalalalalalalalalala.
“Definitivamente, te acabas de volver loca”
-PRRRRRR lalalalalala ueueueueueueueu tiriririririr.
-¿Ash?
Me quité la almohada y miré a Selene.
-¿Te encuentras bien? –Preguntó mi amiga.
La voz de mi cabeza se estaba descojonando viva.
-Si, solo es el cansancio… -sonreí.
-Em… Claro… Bueno, hablamos mañana.
-Claro J.
Selene se fue y, finalmente, me dormí.
El día siguiente fue un cúmulo de imágenes confusas, y el día que volvía Dougie, limpié la casa, hice la cama, me duché y me vestí.
Tampoco me iba a poner de punta en blanco para ir al aeropuerto. Me puse una blusa azul, ya que a Dougie le gustaba como me quedaba ese color, unos vaqueros y unos tacones.
Llamaron a la puerta cuando faltaban 5 minutos para que me fuera.
-Hola, cariño. ¿Qué tal? Bien, nosotras también. Nos vamos contigo al aeropuerto. ¿No te importa verdad? Ya sabía yo que no.
-ALMAA!!!! TRANQUILIDAD, LECHES!! –Grité.
Amanda y ella me miraron, nerviosas.
-Necesito verle ya mismo. Yaaaaaaa –gritó Amanda.
-Vale, pero respira. Te estas poniendo pitufa –dije.
Poco después, salimos de casa.
Selene iría en su coche, para que pudiéramos ir todas, y yo iría en el mío, con Amanda y Alma.
Llegamos al aeropuerto a las 10:30 de la mañana. El avión en el que iban los chicos estaba a punto de aterrizar. De hecho, pudimos verlo descendiendo.
Nos sentamos frente a la puerta por la que saldrían y les esperamos.
Diez minutos después, el personal del aeropuerto se trasladó hacia allí.
Había al menos 5 personas de seguridad, dos azafatas y 3 personas con carritos.
Finalmente, abrieron las puertas y empezó a salir gente. Vi a varias chicas con firmas en los brazos, cara y, como no, en las tetas. Pero, asombrosamente, la firma de Dougie siempre estaba en el hombro.
Tenía pensado echarle la bronca del siglo. Cantarle las cuarenta y pegarle puñetazos y patadas hasta cansarme.
Pero en el momento en el que apareció, todos mis planes se fueron a la mierda.
Llevaba una mochila en el hombro y las gafas de sol puestas.
Sonrió al verme y tiró la mochila al suelo.
Corrí hacia él y me cogió en peso.
Me aferré a su cuello y le besé. Dougie me devolvió el beso con entusiasmo y le acaricié el pelo.
-Dime…que estás… aquí…de verdad… -dije entre beso y beso.
Las lágrimas se desparramaban por mis mejillas, y no hice nada por pararlas.
-Estoy aquí. No me voy a ir más. Estoy aquí.
Le besé otra vez, mientras la gente que teníamos alrededor entonaba un Oooohh general.
Cuando eché un vistazo a los demás, les vi en la misma actitud cariñosa que nosotros.
Danny y Amanda estaban abrazados, balanceándose hacia los lados y riéndose como si estuvieran locos.
Harry y Selene, susurrándose cosas ñoñas al oído.
Y Tom y Alma juntitos, pero sin besos, abrazos y nada. Simplemente, Tom la tenía cogida por los hombros y ella a él por la cintura.
Veía los flashes dispararse mientras andábamos. Pero no me importaba. Podía sentir la mano de Dougie en mi trasero, y eso me bastaba para sentirme como en una nube.
Buscamos sus maletas y las pusimos en los carritos. Después, salimos del aeropuerto mientras otra avalancha de cámaras y gritos nos rodeaba.
Me sentía fuera de lugar con todo este royo. Hasta que no estuvimos montados en el coche, no estuve cómoda.
Danny, Alma y Amanda iban sentados detrás y Dougie y yo delante.
La mano de Dougie fue agarrada a la mía durante todo lo que duró el trayecto a la casa de Danny y Amanda.
-Mañana venid a casa para la comida de bienvenida –dijo Danny, descargando las maletas.
-Claro –dije.
Me abrazó y entraron en casa.
Llevamos a Alma a su casa y después nos fuimos a la nuestra.
Aparqué en el garaje y salí del coche.
Sacamos las maletas del coche y entramos en casa. Dougie recorrió el salón con la mirada y sonrió.
-Echaba de menos todo esto –dijo, pasando la mano por la pared. –Pero… Te echaba más de menos a ti.
Dejó las maletas en el suelo y me miró.
Aparté la vista de sus ojos. Estaba enfadada y si le miraba, no podría seguir estándolo.
Y Dougie lo sabía. Se acercó a mí y acarició mi brazo. Cerré los ojos y disfruté de la sensación que provocaban sus manos sobre mis hombros, sus labios contra los míos, su cadera pegada a mi cuerpo…
Abrí los ojos y le miré.
Bueno! os quejareis, e majos?? es el mas largo que he escrito hasta ahora XDDD ala disfrutadlo XD
cada dia me gusta mas^^
ResponderEliminartienes que seguirla ;)
buaaah me encata me encanta me encanta!!! :B siguela si??
ResponderEliminar