jueves, 7 de octubre de 2010

7. Danny, controla tus malditas hormonas

NOTA: CADA VEZ QUE SALGA COMILLAS ("  ") ES LA VOCECILLA INTERIIOR DE ASHLEY




-Tranquilo, Tommy. Tranquilo. No pasa nada –dije.
-Se ha ido, Ash. Me ha dejado aquí y se ha ido –Tom volvía a llorar desconsoladamente.
Le abracé más fuerte y pude oír como los demás se sentaban en el sofá.
Unos diez minutos después, Tom se calmó y pudo hablar por fin.
-Sus padres quieren mudarse a París, y como su madre no es que esté muy bien, ella no quiere dejar a su padre solo con ella, por si pasa algo.
-Pero… Podéis continuar la relación, no sé… A distancia. Sé que es complicado, pero os queréis un montón, y es una tontería que lo dejéis. Podríais probar a… estar juntos pero…separados –dijo Danny, serio por primera vez en todo el día.
-No… Ella no me quiere. Es otra de las razones que me ha dado. No me extraña, la verdad. ¿Quién va a querer a un gordo fofo como yo?
-NO, NO NO NO NO Y NO. ¡Eso si que no te lo permito! ¡No estás gordo, Tom!
-¿Cómo que no? Parezco un oso polar.
-PARECES GILIPOLLAS, QUE ES OTRA COSA MUY DIFERENTE –dije. – ¡Tom! Eres uno de los cuatro tíos más guapos que he visto en toda mi vida. Los tres restantes están en esta sala ahora mismo. Y me da igual lo que digas. Ni estás gordo, ni fofo, ni eres feo, ni tienes un hoyuelo asqueroso, al contrario, es adorable, ni tus dientes parecen la torre de pisa…
“Te estás guardando demasiados defectos que se a sacado a si mismo, Ash”
-Cállate –dije.
“Acabas de hablar con la voz de tu cabeza en voz alta, y ahora todos te miran como si estuvieras loca”
-Olvidad eso último –añadí.
Tom me miró y sonrió. Tras un rato hablando, se le veía mucho más animado que cuando habíamos llegado.
Después, Danny, Sele y Tom fueron a la cocina, y Harry, Dougie y yo nos quedamos en el salón.
-Bueno, Ash. Hablemos de regalos. ¿Qué quieres que te regale? –Preguntó Dougie.
-Nada. En serio, no quiero nada.
-Oh, venga ya, Ash. Todo el mundo quiere algo en su cumpleaños –dijo Harry.
Me levanté y fui a la cocina. Antes de perderme de vista dije:
-Yo no.
Dougie comió en nuestra casa y cuando eran las 6 más o menos, Sele me cogió por el brazo y me llevó escaleras arriba.
-¿Te gusta mas el rojo, el blanco o el negro para un vestido de fiesta? –Preguntó, rebuscando en su armario.
-Depende. El negro si es muy elegante. El rojo si es un poco más informal. El blanco si es una fiesta donde no conoces a mucha gente, para dar la impresión de que eres sofisticada pero joven a la vez.
-Vale, entonces rojo –dijo. Sacó un vestido que me llegaría por la mitad del muslo, ajustado en el cuerpo y con volantes muy finos en la falda. Era palabra de honor y tenía pedrería.
Sacó unos tacones a juego de una caja que había escondida en su armario y me lo dio todo.
-Póntelo –ordenó.
-¿Para qué…?
-¡Tú póntelo!
Fui al baño, me duché y me lo puse. No iba mucho con mi habitual estilo de sudadera-vaqueros-converse pero…
Salí del baño y cuando entré en la habitación de Sele, vi que había llenado su tocador de pinturas, una plancha para el pelo, horquillas, pinzas…
También había un hombre allí.
-Ashley, este es mi primo Paolo. Paolo, esta es mi mejor amiga y cumpleañera, Ashley –dijo Selene.
-Hola, encanto. Vamos a ponerte guapísima para tu día. Vas a estar fabulosa.
-Eso espero. Aun que aún no se ni donde voy a ir –dije.
Comenzó a trabajar con mi pelo. Lo alisó y lo peinó. Después, lo metió todo en un recogido alto y dejó algunos mechones sueltos. Cogió un rizador de pelo e hizo tirabuzones.
Después, se puso a maquillarme. Pintó mis ojos, pómulos y labios. No sabía cuanto tiempo llevábamos en la habitación de Sele, pero cuando miré por la ventana, estaba oscuro.
-Ya está, cielito. Estás maravillosa –dijo Paolo.
-Gracias, Paolo.
-Pao –corrigió.
Me levanté y le abracé.
-Me vas a hacer llorar, encanto –dijo.
Sonreí y bajé las escaleras. Sele había desaparecido hacía un buen rato, y pensé que estaría abajo.
Cuando llegué al salón, Danny, Tom y Harry estaban allí. E iban con traje. Si, si… Con traje. Camisa blanca, corbata, y chaqueta y pantalón ambos negros.
-MADRE DEL AMOR HERMOSO, QUE PIBÓN ACABA DE APARECER EN ESTE HUMILDE SALÓN –dijo Danny, arrodillándose en el suelo.
Tom le miró.
-Danny, controla tus malditas hormonas.
Harry sonrió y se acercó.
-Me hace ilusión hacer algo. Sube las escaleras otra vez.
Hice lo que el decía. Cuando bajé, Harry me esperaba, al final de las escaleras. Cuando llegué abajo del todo, me cogió en peso y me llevó al salón.
-Vale, Harry. Ya puedes bajarme.
-Si, Harry… Bájala, que no queremos que se caiga en su cumpleaños –dijo una voz desde el vestíbulo.

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