domingo, 10 de octubre de 2010

10. A veces, las sensaciones previas a un beso, superan al beso en si

A la mañana siguiente me desperté bastante tarde. Estaba acostada sobre la alfombra, al lado de Dougie y con una manta por encima.
Tom estaba justo enfrente de mí, y Danny un poco más allá, abrazado a Amanda.
Pero no había ni rastro de Alma. Me dolía la cabeza muchísimo y no me acordaba de cómo habíamos llegado a dormir en el salón. Mi memoria se quedaba en el final de la fiesta y en que Danny había sacado un par de botellas de vozka. Tom, claramente, se había opuesto a que yo bebiera nada, pero Danny dijo que era mi cumpleaños y que por una vez no iba a pasar nada. A partir de hay, había una laguna en mi mente.
Me levanté con cuidado de no despertar a nadie. Aún llevaba puesto el vestido, y comprobé que estaba en buenas condiciones. Fui a la cocina, a los baños, a mi habitación, a la de Tom, a la de Danny, a la de Sele…
Pasé por delante de la de Harry, que tenía la puerta abierta, y eché un vistazo al interior. El vestido de Selene estaba en el suelo, junto a los pantalones de Harry. La chaqueta de éste estaba colgada del respaldo de un sillón. Sele y Harry dormían, medio tapados por la sábana. Harry tenía el pecho al descubierto y una pierna de Selene se colaba entre la fina tela que les cubría. Me sentí como una intrusa y cerré la puerta. Cuando bajé, Dougie se había levantado y estaba intentando tapar a Tom lo máximo posible.
Me apoyé en el marco de la puerta y le observé.
“Alguien se está poniendo cachooondaaaaaaa”
Dougie pareció darse cuenta de que estaba allí y me miró. Sonrió y me hizo un gesto para que me acercara.
“Corres el riesgo de que Tom se despierte, os pille, y te quedes sin buenorro para el resto de tu vida”.
Por primera vez, le hice caso a la voz. Dougie me miró y se acercó. Le cogí de la mano y subimos las escaleras. Pareció adivinar cual era mi habitación y me arrastró al interior.
Cerró la puerta con el pestillo y miró cada rincón de mi cuarto. Tenía una estantería con todos los discos de Blink-182, una pared hasta arriba de pósters, también de Blink, y un piano de pared en un rincón.
-¿Tocas el piano? –Preguntó, un poco afónico.
Asentí y recogí un peluche que se había caído al suelo. Me lo había regalado Tom cuando tenía 5 años. Dios… Tom me conocía mejor que nadie. Mejor que mi madre, incluso. Solo quería  protegerme, quería que no me hicieran daño.
-¿Me tocas algo? –Preguntó Dougie.
“SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII”
-Al piano, digo –rectificó.
“¬¬ podrías haberte callado, chato”
Sonreí y le cogí por la mano. Nos sentamos en el banco que había frente al piano y toqué.
No era una canción, eran simplemente notas entrelazadas unas con otras. Una melodía dulce pero con ritmo, algo perfecto y nuestro. Solo nuestro.
Dougie sonreía mientras yo deslizaba mis dedos sobre las teclas. Me sonrojé un poco cuando apartó mi pelo para besarme en la mejilla.
Terminé de tocar y sonreí. Él me miró, con una sonrisa tímida asomando en sus perfectos labios.
“Virgen de la teta al hombro! Ashley, tiratelo”.
Su mano se apoyó en mi cintura.
“Dios, Ashley, haz algo! No te quedes como una invécil ahí parada!! RE-AC-CIO-NA, CHATA!!”
Dougie se estaba acercando poco a poco. Sus ojos recorrían cada milímetro de los míos, de esa manera tan irresistiblemente sexy.
Sus labios estaban a dos centímetros de los míos. ¿Por qué tardaba tanto? La noche anterior me había besado sin pensárselo.
Inconscientemente, mi mano se enredó en su pelo y la otra le acarició la cara.
Dougie deslizó sus dedos por mi espalda. Mi piel se erizaba al contacto con la suya.
“¿Qué te está pasando? Ya habías besado a otros chicos antes. Besaste a Danny y no te provocó esta sensación. Ashley, aclárate. Ni siquiera tú sabes lo que sientes”
-A veces, las sensaciones previas a un beso superan al beso en sí –susurró Dougie.
Sentí que algo vibraba en el bolsillo de Dougie.
“ :O WTF???? No será…”
-Dime, mamá –dijo, descolgando su móvil.
“No, gracias a Dios no era… J)
-Claro. En casa de Danny. Están durmiendo, mamá. Solo la prima de Tom. ¿Para qué? Mamá, joder. Me parece mentira que no te fíes de mí. Vale, vale.
Se quitó el móvil de la oreja y me lo pasó. Me hizo un gesto para que hablara con ella.
-¿Si?
-Hola, soy Sam, la madre de Dougie.
-Encantada, Sam, yo soy Ashley, la prima de Tom –dije.
-Solo quería saber si Dougie ha pasado la noche allí realmente o me está engañando –dijo, con desconfianza.
-Claro, Sam. Ha estado aquí toda la noche. Dormimos todos juntos en el salón –dije.
Silencio.
“Si su madre no se fía de él, por algo será”
-No sería la primera vez que se escapa con Danny en mitad de la noche –dijo Sam.
“Aaaaah, vale. Ya lo pillo”
-Si, a nosotros nos cuesta controlar a Danny bastante –dije.
-Me lo imagino. Bueno, Ashley, un placer haberte conocido por fin.
“¿Por fin? ¿Dougie le ha hablado de ti? ¿Cómo puede ser? Te conoce desde ayer”
-Igualmente, señora –dije.
-¡No me ofendas! De señora nada. Para las novias de Doug siempre he sido Sam o Sammy –dijo.
-Oh, pero es que… Dougie y yo no… No estamos juntos, Sam –dije, muriéndome de vergüenza.
-¿De verdad? Bueno, da igual. Eres su amiga, así que, llámame Sam o Sammy –dijo.
-Claro. Hasta luego.
Colgué. Le devolví el móvil a Dougie y se lo metió al bolsillo. Me miró, entre divertido y avergonzado.
-Con que te escapas de casa ¿eh, Doug?
Se rió escandalosamente.
-Solo a pasado unas cuantas veces. A Danny no se le ocurre nada bueno –dijo.
-Dímelo a mí.
Se rió. Me miró, tiernamente, y alzó su mano izquierda. Me apartó un mechón de pelo de la cara, el gesto más común de cariño, y dejó caer la mano.


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